ESTAMOS BIEN, PERO VAMOS MAL                  Por Carlos Pagni 
Durante los dos primeros y sufridos años de su Presidencia, Carlos Menem popularizó una frase que diagnosticaba la situación nacional: “Estamos mal, pero vamos bien”. Javier Milei, que suele mirarse en el espejo de Menem, podría describir el trance actual invirtiendo esa fórmula: “Estamos bien, pero vamos mal”. El Presidente disfruta de niveles de aceptación superiores a los de quienes lo precedieron. Se puede ufanar de logros valiosos, como la reducción de la inflación y la mejora en la administración de la política social, que incluye la recuperación del espacio público para los transeúntes, en especial en la ciudad de Buenos Aires. Estamos bien. Sin embargo, las encuestas registran un fenómeno delicado: no sólo ha caído la imagen positiva de su administración; también se han deteriorado las expectativas sobre la capacidad del oficialismo para alcanzar algunos objetivos importantes. Vamos mal.

Esta modificación en el clima colectivo está determinada por tres factores que se potencian entre sí. Uno es la parálisis de la actividad económica en sectores que están muy asociados al humor popular. Sobre todo, el consumo. Otro, asociado al anterior, es el cambio en las prioridades de la ciudadanía. Comienzan a prevalecer la preocupación por la conservación del empleo y por el poder adquisitivo del salario. El tercer factor es la aparición de escándalos de corrupción, que se recortan con más nitidez sobre el paisaje del malhumor.