Argentina, San Juan, Lunes 21 de Agosto de 2017
FM Del Sol - La Justa - 91.9
SANTOS GUAYAMA
Historia de San Juan de Daniel Chango Illanes





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Esta historia atraviesa las Lagunas de Huanacache y del Rosario:

“…subsistía allí un núcleo de cultura huarpe con sus cultivos, tejidos, alimentos y bebidas tradicionales, pescaban con canoas y redes, producían admirables artesanías trenzando la totora y proveían sal, pescado y otras mercaderías a las poblacionesa cuyanas. Sin embargo, aguas arriba, el aprovechamiento de los ríos para riego fue convirtiendo en pantanos gran parte de los estanques naturales y la zona sufrió un proceso de desertización. Algunos grupos indígenas llegaron al lugar escapando a la destrucción de sus asentamientos, y fue un santuario para perseguidos y desclasados de variada procedencia”.

[Chumbita, Hugo, Jinetes rebeldes, página 116]



El padre de Santos Guayama, de nombre Gregorio, tenía una tierra en La Cruz de Jume, en Las Lagunas.



Dicen que Santos vivió en 1850 agregado a una familia a la manera de lo que se entendía por “criado”. Agregan que hubo un hecho de sangre, con arma de fuego, una muerte. Y Guayama salió hacia su tierra de origen. Allí se habría “agauchado”. Y desde entonces se habría transformado en bandido. Vestía chiripá y andaba armado con pistola.



Tuvo dos hijos con una mujer llamada Agapita González. Por esa época dicen que era cantor y guitarrero. Vivió en la Represa de Las Liebres.



Entre 1861 y 1863 estuvo a las órdenes de Angel Vicente Peñaloza, el Chacho. Una versión lo hace incorporado a la partida rebelde del puntano Fructuoso Ontiveros, al que seguían ex oficiales de Nazario Benavídez, prófugos y cuatreros de San Juan, Córdoba y San Luis.



En 1866, en el marco de la revolución federal de los colorados, Felipe Varela llegó a Jáchal. Guayama se le sumó con una partida de Laguneros. Fue la principal lanza de Varela en la batalla de Pozo de Vargas. Varela perdió la batalla, pero Guayama y Elizondo salvaron una parte muy importante de la caballería y mucho parque que le quitaron a las tropas de Antonino Taboada.



En Jáchal, Varela consiguió reorganizarse en número de 1.000 soldados. Pero desde ahí no podía con Taboada y Arredondo. Ocupó Antofagasta de la Sierra mientras esperaba que los federales de Antonio Latorre se le sumaran. Alcanzó a ocupar Salta y Jujuy en octubre de 1867. Allí cumplieron un papel importante las fuerzas laguneras, quedando diezmadas pero no derrotadas. Habrían encontrar en su debilidad objetiva la voluntad subjetiva de resistencia.



El catamarqueño Octaviano Navarro con sus tropas, obligó a Varela a Pasar a Bolivia.



El sanjuanino Guayama – huarpe más que sanjuanino – ocupó Orán, pero ya no le quedaban más de 100 hombres. Al final, cruzó con Elizondo la frontera.



Poco tiempo después, Elizondop y Guayama aparecieron nuevamente en La Rioja, en 1868, apoyando a Zalazar. El gobernador Baños renunció y Elizondo se transformó en comandante de armas.



Al final, Elizondo negoció con Octaviano Navarro, y Guayama, discopnforme, se llevó consigo casi toda la montonera. Varela quiso regresar a Salta en diciembre de 1969, pero fracasó. Lo había convocado a Guayama y le pedía que fuera hasta Catamarca, pero los navarristas interceptaron la correspondencia que nunca llegó a manos de Guayama.



Guayama se mantuvo un tiempo en Los Llanos. Lo atacó el comandante Ricardo Vera y lo venció en el Garabato, en febrero de 1869. El marzo lo atacó el mayor Antonio Loyola en Las Jarillas.



Por un tiempo no hubo noticias de Guayama. Algunos lo creían muerto, pero la esencia de la guerrilla consiste en exponerse poco y esconderse mucho.



En abril de 1870, Guayama atacó Caucete. Las tropas sanjuaninas enviadas a Pie de Palo por el gobernador José María del Carril masacraron al segundo de Guayama, Santos Abdón Fernández, y a otros quince hombres. Guayama no estaba porque había sido tentado para inmiscuirse en intrigas violentas de la política local en la que jugaban intrigantes mitristas, y decidido, también, a jugar contra la presidencia de Sarmiento.



En enero de 1871, Guayama estaba operando en San Luis, cuyo gobierno pidió a Mendoza y San Juan una acción combinada. Era jefe de policía en San Juan, Benjamín Bates, quien envió al comandante Francisco Vila a atacar a Guayama. Lo alcanzó en la Punta del Médano. En ese momento, Guayma con su gente asaltaban una tropa de carros. El guerrillero logró fugarse con 200 hombres. Vila y su gente mataron 23 montoneros y tomaron 29 prisioneros. Pero lo no alcanzaron a pillar a Guayama.



Un hombre de Vila, el maytor Carrizo, informó al intendente general de policía, el mayor Agustín Gómez – más tarde gobernador de San Juan – que la policía de Las Lagunas protegía a Guayama hacia el sur, del lado mendocino.



En febrero de 1872 volvió a aparecer en Caucete y Cochagual. Tres presuntos colaboradores de Guayama fueron detenidos en San Juan: eran los hermanos Castro, Gregorio Correa y Salvador Merlo.



El 21 de febrero de 1872, el ministro de guerra deSarmiento, Martín de Gainza, ordenó la represión escarmentadora. Gainza no le reconoce que se trate de un caudillo político, y dice que por esa razón está impuned. Gainza dice que Guayama, es “salteador de caminos”, y por esa razón “está fuera de ley de la Naciones”. Es el concepto de Sarmiento: la constitución y las libertades están para los hombres de opinión que difunden sus escritos por la prensa, para masa popular está la policía de seguridad y el código penal.



En abril Guayama retgorna a Guanacache. Sale hacia el Durazno y allí asalta a Benjamín Bates, quien fuera jefe de policía. Bates, un hombre de la élite local venía de Chile.



Guayama – que cuatrereaba y “mejicaneaba” contrabando – se apoderó de unas 80 mulas, y con una caballada muy grande y 50 hombres se fue hacia la frontera.



Dos vecinos cuyanos (Escudero y Ceretti), fueron asaltados por el invicto lagunero que les exigió rescate en onzas de oro.



En octubre de 1872 merodeó entre Puente del Inca y Uspallata. Luego retornó a Las Lagunas. Una partida enviada desde San Juan, ultimó a José del Carmen Valenzuela, que era en esa época, el segundo de Guayama.



El gobernador mendocino, mal informado, creyó que sus fuerzas habían conseguido detener y fusilar sumariamente a Guayama en el despoblado, en la localidad de Santa Clara. Mataron a dos hombres, pero ninguno de ellos era Guayama.



En febrero de 1873 apareció en la Sierra de Minas en Los Llanos. El juez de paz de Ulapes retuvo a 9 guerrilleros.



Una comisión policial puntana entró en San Juan y avanzó hasta Caucete tratando de alcanzar a Guayama. Pero en lugar de capturarlo o exterminarlo a este y a su gente, lo que hicieron los policías puntanos fue robar caballos, además de degollar a un hombre y a un niño.



El gobierno sanjuanino no podía dar caza a Guayama, recriminaba al gobernador mendocino Villanueva por mentiroso y tenía que protestar ante el gobierno de San Luis porque quedaba demostrado que era peor la policía que cualquier bandidaje.



Cuando se levantó Mitre en 1874 acompañado por el general Arredondo, contó con el apoyo de Guayama y de grupos indígenas que le eran favorables. Aquí hay una muestra de la identidad indígena del Lagunero. Va con Mitre en la medida en que se suma a otros indígenas envueltos en esa acción. Mitre fue vencido Por Arias, Julio Argentino Roca venció a Arredondo. Pero Guayama, con su destreza guerrillera consiguió salir de la zona de riesgo.



Algunos dicen como arriero, otros como cuatrero, Guayama ermpezó a trabajar llevando hacienda a Chile y Bolivia. Se decía que Guayama trabajaba para fuertes hacendados dedicados al abigeato.



Se narra también del encuentro que Guayama tuvo en San Alberto, en Córdoba, con el cura José Miguel Brochero.



Para poder llegar al gobierno en 1877, Agustín Gómez, trató de arrimar a su proyecto al caudillo lagunero, al que lo puso de puntero electoral. Guayama quería ser amnistiado. Gómez no cumplió.



En diciembre de 1878, Guayama fue visto en San Juan en la casa de Lisandro Lloveras. Ahí lo aprehendió la policía. Lo metieron preso, lo procesaron, pero con eso no se contentó la voluntad homicida del poder. El 4 de febrero de 1879 lo “boletearon” en la cárcel.

Por supuesto, Sarmiento en El Nacional aprobó apologéticamente, la “boleta” a Guayama:

“…la justicia se ha hecho por fin, como se hace entre nosotros, por el exceso del crimen”.



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