La noticia de lo que podría haber sido una catástrofe aérea y la muerte del gobernador y la cúpula del poder político de San Juan ante el impacto de un rayo en el Citation nos hace reflexionar y contar un cuentito de “La Creación Divina”.
Dicen que Dios creó el universo, ¡por suerte quedamos incluidos!, también creó la tierra, los vientos, el mar y seguramente pensó que al crearnos de carne y huesos y para darnos más comodidad, más confort y hacer posible la vida, también debía crear una fuente inagotable de agua pura y dulce. Dicen que lo pensó por un tiempo, ¿¿¿Cómo podía crear una fuente inagotable e intocable de agua dulce en un mundo redondo y liso???, Él sabía que estaba desarrollando un experimento peligroso, estaba creando “el hombre” y para hacerlo distinto al resto de los animales y parecido a Él, debía otorgarle el poder del raciocinio, un “don” especial que podía hacerlo perdurar y desarrollarse en paz y armonía con su hábitat y semejantes entre sí, o por el contrario, este “don para pensar” lo podría usar para diferenciarse de los demás y tratar de ser como Él, quizás “el hombre” trataría de obtener poder extremo, la suma de todos los poderes y esto podría hacer fracasar el experimento y autodestruirlo. Tenía que ser muy creativo para dificultar el acceso directo a esta fuente desde dónde nacería el agua, ¿la haría en el centro de la tierra?, no, ahí reinaría el fuego y el agua se evaporaría, ¿crearía nubes que hagan llover todo el día?, no (pensó), eso molestaría a los hombres y dificultaría sus vidas, ¿haría el mar de agua dulce?, no, dijo, el mar tiene que ser salado para crear otras vidas que le den de comer al hombre, algunas noches Dios se desveló con esta incógnita y se sentaba mirando el universo, pero un día se despertó después de un plácido sueño y gritó ¡¡Eureka!!, ¡voy a crear montañas gigantes por todo el mundo, adónde el hombre no pueda llegar, no solo serán altas y heladas, las haré de muy difícil acceso y les quitaré oxígeno para que no se atrevan a subir y en la cima estarán las fuentes de agua!
Dios estaba seguro que tenía la solución, crearía glaciares gigantes y haría tan fría las alturas, que estos estarían en formación permanente, como un gigantesco frízer, solo permitiría que se derrita su superficie para que todo el deshielo unido forme grandes ríos de agua dulce y por el declive dejaría que llegue hasta las manos del hombre. Él estaba eufórico, había solucionado un problema que le provocaba pesadillas, no podía poner al hombre sobre la faz de la tierra y no brindarle el agua sin la cual le sería imposible vivir.
Finalmente Dios terminó su trabajo, estaba orgulloso, había hecho un mundo perfecto y puro, con mucho oxígeno, selvas y grandes bosques para mantener una fábrica natural y constante de aire, había dejado lugar suficiente para que el hombre pudiese vivir y el mar para que el hombre se alimentase y gozara de ello, pero sin dudas, su obra maestra para permitir la vida se había concretado, hizo que se deslizaran las placas teutónicas que formaban la tierra y nacieron las montañas, tan altas que no había forma de molestarlas, nadie podría destruir la naciente de las aguas, lo que permite la vida en la tierra.
Pasaron muchos años, cientos, miles de años y todo iba bien. Dios estaba conforme con su creación y ahora solo debía observar, se entretenía mucho viendo “su creación” a pesar de las peleas que este “raciocinio” producía, no le gustaba ver guerras, maldad y destrucción, pero dijo “yo les di raciocinio, si no lo usan bien es vuestra responsabilidad”, cerró la puerta y solo se dedicó a mirar cómo nos desarrollábamos.
El Hombre se multiplicó hasta ser miles de millones, usó su raciocinio y comenzó a imitar la creación. Quiso vivir más cómodo y comenzó a inventar. Los inventos eran desarrollados en cantidades y se comercializaban, se formaron naciones con distinto nivel de vida, más ricas y más pobres y un día, “el hombre” descubrió que las montañas que formaban el agua también ocultaban tesoros, uranio, oro, plata, cobre y muchos minerales que le daban más poder a algunos. Estos poderosos eran echados de los países desarrollados adónde intentaban abrir las montañas y para poder cumplir sus deseos de llenar depósitos de oro tenían que hacer prevalecer su mayor inteligencia y someter a otros hombres a quienes “ellos” consideraban inferiores. Así y después de miles de años desde que Dios creó el mundo y al hombre, estos hombres más desarrollados y armados con dólares y tecnología llegaron a Sudamérica, a Argentina, miraron hacia el oeste y vieron los macizos Andinos. Pensaron con la boca llena de agua y los ojos desmesuradamente abiertos en las inmensas riquezas que habría en esas montañas y sin dudarlo convencieron a quién tenía el poder de hacer leyes y que luego gobernaría la provincia usando el viejo truco de la “avaricia” para que los dejara bajar las montañas y extraer todo el oro y demás minerales.
Algunos hombres que gozaban de la vida y la naturaleza preguntaron ¿Qué pasa acá?, ¿porqué están destruyendo las montañas?, ¿Qué va a pasar con el agua dulce?, ¿Cómo vamos a seguir viviendo acá si están destruyendo las fuentes de agua que Dios nos dio?, a estos hombres que molestaban los tildaron de “ambientalistas” y quisieron hacerlos ver como si fueran malas personas y subversivas del orden social, cuando simplemente hicieron uso del raciocinio que Dios les había dado por igual a todos los hombres y se dieron cuenta que estaban destruyendo la gran fuente de agua.
Dios miraba enojado como algunos hombres hacían mal uso de los dones que Él les había dado y como se habían atrevido a profanar lo que Él creía imposible, entonces se dio cuenta de lo peligrosos que eran los hombres, al menos muchos de ellos y su mal humor comenzó a notarse, tormentas, inundaciones, terremotos, Tsunamis, pero nada, todo seguía igual, el hombre se empeñaba en destruir el hábitat contaminando suelo, agua y aire y ahora destruyendo lo que tanto le había costado crear.
Un día, Dios vio a algunos de estos hombres que subían a un avión y en medio del viaje les envió un mensaje en forma de rayo, fuerte pero no lo suficiente para destruirlos, en todo caso quería que recapacitaran, estaban afectando “su creación” y simplemente NO lo permitiría. Dios nos mira y juzga, ¿entenderán estos hombres con raciocinio o se harán los distraídos?, lo que es seguro es que Dios no se va a quedar quieto si siguen destruyendo su creación, habrá hombres poderosos en el mundo, pero el poder de Dios es el poder de todo el Universo y su ira puede barrer al más poderoso como si fuera una simple pelusa, después de todo, eso somos los hombres, pelusas expuestas y tan lábiles y mortales que podemos desaparecer con un imperceptible pestañeo de Dios.
Algunos nos preguntamos ¿porqué habrá sido tan bueno Dios con estos hombres?, no hubiera sido mejor que el rayo tuviera más potencia, pero seguramente Él no quiso ser tan malo como “su creación” y pensó en darles otra oportunidad, ¿la aprovecharán?