Argentina, San Juan, Domingo 28 de Mayo de 2017
FM Del Sol - La Justa - 91.9
Libro inflamable
Circula secreta, clandestinamente. Para el elitismo de los iniciados, aunque ya se vendieron 1.500 ejemplares. Cuesta encontrarlo, porque no se exhibe en ninguna parte. Sólo disponible en librerías de una extendida cadena.Trátase de ¨La mafia judía en la Argentina¨. Obra debida a Fabián Spollansky. Por: Carolina Mantegari Editora Responsable del AsísCultural, especial para JorgeAsísDigital





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"La mafia judía en la Argentina", de Fabián Spollansky. escribe Carolina Mantegari
Editora Responsable del AsísCultural,
especial para JorgeAsísDigital

Fabián Spollansky. Contador Público. Fue auditor del Banco Israelita de Córdoba. Empresario en Salta. 51 años. Dice ser “más judío que cualquiera de los que nombra en este libro”. Reside en San Juan.
La portada presenta el rostro del protagonista principal. Su blanco es Eduardo Elsztain, al que también llama El Gevatter (Padrino, en idish). Elsztain es el poderoso titular de IRSA, Inversiones y Representaciones Sociedad Anónima. De los hombres más ricos de la Argentina. Referente prestigiosamente emblemático de la comunidad judía local.
Tiene el significativo kipá sobre su cabeza, enmarcada en la Estrella de David.

Por la primera impresión, adviértese que cualquier distraído puede confundirse. Suponer que se encuentra ante otro libelo antijudaico. Una versión doméstica de aquellos “Protocolos de los sabios de Sion”, texto liminar del antisemitismo, compuesto por la inteligencia zarista y editado en la Rusia prerrevolucionaria, en 1903. Pero por la perplejidad que provoca, “La mafia” se puede equiparar, pese a las distancias estilísticas, a “La industria del Holocausto”, texto provocativo del estadounidense Norman Gary Finkelstein. Editado en el 2000.
Al introducirse en “La Mafia”, de inmediato puede percibirse que se trata, en el origen, de un litigio privado. Asuntos internos. Pudieron haberse resuelto en un “din torah”, un “arreglo entre judíos con la intervención de un rabino”. Pero el conflicto creció.
Entre las ocho razones que esgrime Spollansky para componer el libro inflamable, tres de ellas aluden a su condición de judío.
Indica que lo escribe: “por la responsabilidad de judío con relación a mi pueblo”.

La estructura
Elsztain, “El Gevatter, presidente de IRSA y vicepresidente del Banco Hipotecario Nacional”, aparece secundado, en el “Estado Mayor”, por la figura del “conseglieri”. Por aquel abogado que interpretara Robert Duvall, en El Padrino. Es el doctor Saul Zang (p. 71).
El tercero en la estructura del “gang” -siempre para la inspiración de Spollansky- es Marcelo Mindlin. Es el destacado empresario que preside fondos de inversiones, como el Dolphin o el Pampa. Mindlin se desliza exitosamente en el sustancial espacio de la energía (ver miniserie de Transener).
Que se sepa, hasta hoy, ninguno de los innumerables mencionados lo querelló a Spollansky.
Pero Elsztain, según nuestras fuentes, ya depositó el libro en el estudio de cierto penalista respetado por su eficacia. Y por la astucia para manejarse en la escena mediática.
“Ojalá sea así, espero ansioso que alguien me querelle”.
Lo confirma Spollansky telefónicamente, desde San Juan.
“Así puedo demostrar que, lo que cuento, es todo cierto”.

Interpretaciones simples de la historia
Aunque no sea la intención del autor, el libro inflamable consolida, irreparablemente, los tradicionales prejuicios, movilizadores de la pasión despreciable del antisemitismo.
A través del minucioso caudal informativo, Spollansky facilita las bases de una interpretación maniquea. Patéticamente cómoda de la actualidad económica, plagada de corruptelas. En una instancia de caos, donde se necesita identificar culpables fáciles. Para responsabilizarlos por el fracaso global.
“La mafia” se terminó de escribir en julio. Los primeros ejemplares se divulgaron en noviembre. Un mes antes que los atroces bombardeos en Gaza arrastraran, la problemática de referencia, hacia el primer plano. El momento es particularmente inoportuno para evaluar la significación del texto.

Por lo tanto los aludidos, probablemente, no deberían deslizarse en el error de minimizar el significado de la denuncia. Al extremo de considerar el libro como inexistente, o artificial. Un producto del resentimiento, como consecuencia -nos dicen- de una incapacidad para el arreglo.
Demasiado fuego de artillería argumental despliega Spollansky, para que los involucrados se permitan la pasividad de la indiferencia.
Hasta hoy, “La mafia” pertenece a la categoría de libros marginales de los que se habla. Pero de los que nadie, por las dudas, por su condición de inflamables, debe escribir.

La opción escogida consiste, hasta aquí, en negarlo. Por carecer tanto de importancia como de seriedad. Es una manera de apostar por el silencio. A los efectos que se encargue -el silencio- del trabajo de anularlo.
Sin embargo dista de ser la mejor alternativa. Puede anticiparlo cualquier especialista en la comunicación. Porque el libro ya es una realidad que trasciende. Que se adquiere por contagio, a través del elitismo de la recomendación. El “boca a boca”. Porque contiene acusaciones concretas, acerca de los mecanismos que debieran aclararse.
La dilucidación no merece reservarse específicamente para el ámbito del derecho penal. Porque es la sociedad argentina la que necesita, en todo caso, el desmentido. El esclarecimiento, sobre todo en los momentos confusos, cuando suelen buscarse interpretaciones simples para legitimar los fracasos personales. La decadencia general.

Voltear a Soros
Elsztain y Mindlin aparecen severamente maltratados entre las estampas de esta historia.
Ambos coincidieron en el esplendor del Grupo Soros, el emporio capitaneado por el capitalista de origen húngaro. Pero Soros, acaso irresponsablemente, dejó en manos de los argentinos, el manejo de sus importantes inversiones.
En los mentideros suele asegurarse que a Soros, aquí, lo voltearon.
Si Elsztain, de verdad, lo “usó” a Soros, habrá que aceptar, sin mayor cinismo, una verdad dolorosa. Nadie se indigna ni se espanta. Al contrario.
Si fue Soros quien puso el dinero para comprar el Banco Hipotecario, y después “lo dejaron afuera”, como se cuenta en “La mafia”, se certifica el argumento que generosamente se expande entre las cuevas y los mentideros. Con un síntoma de definible admiración.
Conste que se trata, en la Argentina, de un ambiente de negocios signado por la filosofía más transgresora, positivamente inmoral, de Luisito Barrionuevo.

“Con la debacle del 2001, Elsztain le aconsejó a Soros que había que salirse” nos confirma una Garganta, inexorablemente anónima. “Lo convence Elsztain a Soros que debía vender sus activos en la Argentina. Porque esto -La Argentina- no daba para más”, continúa la Garganta. ”Pero los activos de Soros fueron comprados… por el propio Elsztain. Es un campeón”.

Los Lubavitch
Spollansky enumera, hasta el abatimiento, las propiedades de Elsztain. “Los tentáculos del Pulpo”, con “vinculaciones” y controles que se entrecruzan. Con una alegada capacidad para subir o bajar los precios. Como así también los valores de la manipulable Bolsa de Comercio.
Enumera las hectáreas multiplicadas por centenas de miles. Exalta una extraña parábola del drama contemporáneo:
“La mafia presiona al kirchnerismo y a la oposición. Impulsa a los funcionarios a cobrar las retenciones, y empuja al campo a resistirlas. Además, lava dinero” (pag 21).

Identifica la cantidad de edificios enteros, de hoteles fascinantes, desfilan los fosforescentes shoppings, la infinidad de empresas que conforman el circuito cerrado que le permiten, “al gang”, emprender las -digamos- travesuras. Pero siempre con el consuelo espiritual asegurado. Con “la protección sacra”. Conseguida a través de las donaciones de Elsztain, humanitariamente desinteresadas. Por la condición de máximo benefactor del grupo ortodoxo más solidario de la comunidad. La Javal Lubavitch.
Las reclamaciones expuestas, hacia el rabino Tzibi Grumblatt, jefe espiritual de los Lubavitch -a los que califica duramente Spollansky, como parte de la mafia-, componen uno de los momentos más impresionantes del libro inflamable que tanto irrita e incendia. Que nadie quiere asumir. Que se permite, por último, por acumulación de datos, alcanzar la vulnerabilidad aplastante de la monotonía.
Edición del autor. 230 páginas. Caro, 89 pesos. Exclusivamente en las Librerías Distal.

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital



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