Argentina, San Juan, Martes 27 de Junio de 2017
FM Del Sol - La Justa - 91.9







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Romina Freschi (1974), es una de las poetas argentinas más singulares y prolíficas de su generación. Lleva publicados hasta la fecha casi una decena de títulos como Redondel (1998), Incrustaciones en confite (1999), Petróleo (2002), Entremezcales (2000), El-Pe-yO (2003), la plaqueta 3/3/3 (2005) y su reciente Solaris (2008), que acaba de presentar. Son poemarios que reflejan una sostenida ambición experimental. Sus audaces búsquedas estéticas se gestaron tras una vasta experiencia como lectora, que le permitió ahondar en todos los géneros literarios, sin ningún tipo de prejuicios.
Freschi es licenciada y profesora de Letras por la UBA, y es una de las fundadoras del proyecto de poesía Zapatos Rojos. Como crítica y reseñista ha colaborado en numerosas publicaciones nacionales e internacionales. Coordina talleres literarios y dirige la publicación Plebella, revista de poesía de aparición cuatrimestral. La misma promueve la reflexión y producción poética de tres generaciones, donde ya han figurado autores tan diversos como Leónidas Lamborghini, César Aira, Osvaldo Aguirre, Daniel Link, Rodolfo Edwards y Emiliano Bustos, entre muchos otros.
Su labor como traductora de inglés, francés y portugués, le posibilitó expandir y consolidar un lenguaje propio y consistente, cuya sintaxis heterogénea no deja de sorprender debido a su vital plasticidad: “Pitucón de/ taquitos pintitas,/ postizoide ezquizito de/ polvos brillantiles con/ mechonete amarillo,/ Tutti-Frutti,/ rayos-X...”.
En su poética -como bien afirma en esta entrevista-, caben “distintas lenguas, distintos procedimientos, mecanismos, discursos y tecnologías”. Una voz que la conduce ligeramente hacia el surrealismo y en ocasiones al autocollage. Esta audacia de entramar y cruzar sensibilidades y formas con el fin de dar con un lenguaje autónomo, han posibilitado ritmos y sonoridades de intensa belleza: “Como cielos de tormentas, tu amar embravecido, ululante, amansador/ de mil manos, labios y vino espumantes,/ abrigador de mil muescas, curvas, consolador de babas./ Me envuelvo de tu forma, imponente./ Me entinto en tu vacío, rocío de mil muertes, que me traen”. Son versos cargados de intensas imágenes y de refrescantes metáforas. Es lícito destacar además que su acento poético, da cabida también a la reflexión sutil.
Debido a su afinidad por la ciencia ficción –lectora atenta de Stanislaw Lem, George Orwell, Philip K. Dick, y Arthur C. Clarke, entre otros- ha intentado llevar el género a la poesía. El resultado es grato, puesto que permite al lector sumergirse en nuevos rumbos. Freschi es una caja de Pandora, donde la prodigalidad inventiva responde a un inusitado deseo de libertad. Sus libros son testimonio de su feliz audacia poética.
-¿Cuándo nace su orientación por los versos, su afinidad hacia la poesía?
-Empecé a interesarme seriamente en la poesía cuando llegué a la universidad de Buenos Aires. Antes tenía un prejuicio de cursilería y estupidez y cierta fobia cultivada por mis maestros de la primaria -que nos hacían estudiar poemas de memoria- y sobre todo por una profesora de literatura en la secundaria quien esquematizó a Lorca- a quien ahora adoro- y alabó mecánicamente a José Hernández- a quien nunca soporté. Yo siempre escribí. Empecé mi primer relato a los ocho años, llevaba diarios esporádicos, cuadernos y agendas donde desembocaban frases, delirios, cartas, mensajes, dibujos, collages, pensamientos ingeniosos y citas de escritores, músicos y otros artistas. Nunca identifiqué nada de eso con la poesía, ni siquiera cuando empecé a escribir con mayor decisión hacia el final de mi adolescencia. Todo era arte para mí, pero nunca poesía. En la facultad la mayoría de mis amistades escribían poesía, pero no admitían demasiado esa nomenclatura, había cierta ambigüedad siempre. Todo era “escribí algo”, “quiero mostrarte esto que escribí”. Con esa noción vaga de “escritura” escribí Redondel, entre 1994 y 1995. Ese texto fue el primero que me pareció digno de ser mostrado realmente, todavía me asombro de haber tenido tal lucidez de criterio, tenía mucha seguridad de haber encontrado en mí la capacidad de desbordar tan exactamente como lo había querido. Mostré ese texto a Delfina Muschietti, a quien admiraba por su labor de profesora en la facultad y ella fue quien me dijo que ese texto pertenecía al género poesía y que yo era una poeta. Para mí fue una sorpresa, mi escritura era exacta pero lo era porque yo no podía encuadrarla y cuando ella lo definió me pareció haber llegado a un lugar igual de exacto o cierto, una obviedad que había obviado. Paralelamente, y justamente, los textos se estaban publicando en el número 0 de la Nunca Nunca Quisiera irme a Casa, como “novela”, pero lo cierto es que la Nunca Nunca siempre fue una revista de poesía. Desde entonces empecé a leer más que nunca poesía y comprendí mi filiación con ella.
-¿Cuáles han sido los autores que la han marcado desde siempre, y que influyeron en Ud. considerablemente?
-Considero como maestros absolutos en el género poesía a Sor Juana, Góngora, Quevedo y Gracián, Rubén Darío, Néstor Perlongher, Delmira Agustini, Marosa Di Giorgio, Roberto Echavarren. Nunca dejo de leerlos. La línea que va del barroco al modernismo y al neobarroco rioplatense me fascina por la plasticidad inacabable de esa poesía, la posibilidad de una abundancia tal de material y a la vez, un estilo tan marcado y particularísimo en cada uno de esos autores. Me parecen profundos a la vez que acrobáticos. Eso me permite dejarme seducir e identificarme a la vez, o alternativamente pero en una misma obra. Otros poetas muy importantes para mí son André Bretón, Oliverio Girondo, Oswald de Andrade y Alejandra Pizarnik, por la exactitud de sus mecanismos surrealistas, el hallazgo y la modernidad de sus metáforas y la frescura y brillantez de las ideas que ellos sustentan. En esa misma línea César Aira y Copi. Luego hay otras lecturas vitales para mí. El matrimonio Shelley, Worthsworth, Colerigde, Novalis, Schiller, Goethe, Edgar Poe, las hermanas Brontë, Jane Austen, Julio Verne. Los poetas parnasianos y malditos, Gauthier y Verlaine, Rimbaud y Mallarmé. Los autores del boom, Cortázar, Marquez, en la adolescencia, más tarde Lezama y Carpentier. Samuel Beckett, Virginia Woolf y Gertrude Stein en la tradición anglosajona, y más cercanos, los L=A=N=G=U=A=G=E poets. De la tradición argentina de siglo XIX solo respeto a Sarmiento y a Mansilla. Los admiro profundamente, casi tanto como a José Martí. El resto me pone los nervios de punta. Y claramente mis amigos. En el pasado, la cercanía y el diálogo con Gabriela Bejerman, Ximena Espeche, Nákar Elliff-ce, Santiago Vega. Más actualmente, la obra de Emiliano Bustos, Reynaldo Jiménez,- y Miguel Angel Bustos a través de Emiliano y Rey- y de jóvenes como Adriana Kogan, Agostina López, Celeste Diéguez, Mariano Massone, Victoria González, Juana Roggero. Me cambian la vida sus lecturas. Un capítulo aparte merece la ciencia ficción para mí: me encanta, toda ella, Wells, Zamiatin, Lem, Orwell, Dick, Disch, Clarke… y una lista infinita de aficionados, y claro, la revista El Péndulo.
-¿Qué significa para usted la poesía?, ¿cuál es su lugar y papel en la sociedad?.
-La poesía es la puerta que yo encontré para hallar la libertad. Claro que no es una noción abstracta de libertad, es una libertad concreta, es un modo de pensar y configurar la realidad que me permite sobrevivir y transformar la vida social. Puedo imaginar alternativas, y eso es lo que me da acceso a la elección. Ser conciente de las posibilidades de elección es lo que permite ejercer la decisión, eso es la libertad, que siempre viene siamesa de la responsabilidad.
-¿Cree que la poesía permanece al margen?
-No creo que la poesía permanezca al margen de nada. Al contrario, creo que su poder está en su cierta capacidad de transformación de todas las cosas, como puerta de la libertad, permite observar una situación, plantear alternativas y por lo tanto, supone una elección. A través de la poesía me detengo en el lenguaje, esto es, me detengo en el pensamiento y puedo pensar. Eso es la libertad, no estar obligado a la reacción, poder pensar. Trasladando eso a otros géneros literarios y a otras artes, encuentro poesía en todos lados. Eso quizás la haga invisible para algunas personas y para ciertas lógicas mercantiles.
-Usted ha realizado un importante número de traducciones del inglés, francés y portugués. ¿De qué forma cree que esta experiencia con el lenguaje le han beneficiado a la hora de escribir sus composiciones?
-Maravillosamente. Las diferencias materiales entre lenguas plantean aspectos de la significación tan sutiles como todo lo real. Es como agregar definición a una imagen, cantidad de píxeles, traer a la conciencia costados materiales del lenguaje que representan experiencias sumamente distantes que una lengua pretende recoger con extrema sutileza y que otra pasa sobre ellas groseramente. Traducir es leer, y leer más me permite leer mejor el mundo, por lo tanto escribir resulta más interesante.
-Hasta la fecha ha sacado cerca de una decena de libros. Entre ellos figuran: redondel (1998), Soleros (1998), Incrustaciones en confite (1999), Entremezcales (2000), Petróleo (2002), Villa Ventana (2003), El-Pe-yO (2003); editados por sellos independientes como Eloísa, Siesta, Paradiso, Tsé-tsé y Arte plegable. Si hay una característica que los una, paradójicamente es que son completamente disímiles. ¿Es posible nombrar algunas temáticas esenciales en su escritura?
-Sí, claro, yo siento que hablo todo el tiempo de lo mismo. De la conciencia, fundamentalmente, de todo lo que puedo filtrar a ella, pero mayormente, de los medios que la conducen y a la vez, la limitan, la oscurecen. Puede parecer que todo el tiempo cambio de tema, pero lo cierto es que las mediaciones SON el tema. El lenguaje es una mediación esencial, pero todo el tiempo aparecen en mi escritura distintas lenguas, distintos procedimientos, mecanismos, discursos y tecnologías, canales, cristales por donde mirar que pronto se evidencian como cristales. En esa denuncia de los medios, pretendo plasmar una noción de humanidad, aquello que es capaz de reconocer el automatismo, ponerse a su servicio, ponerse por encima de él, esto es, una humanidad que trata de ser responsable de sí.
-Solaris (2008), su último y más reciente trabajo, es un libro muy diferente al resto. ¿Qué intenta explorar en él?
-Solaris es un homenaje. A muchas personas, y probablemente por eso, a mí misma, en cuanto que siento que condensa en su forma y sobre todo, en todas aquellas personas a las que hace referencia en su homenaje, todo lo que he podido aprender del mundo hasta ahora.
Principalmente habla de mi padre, quien me enseñó a leer y quien no solo me proveyó de la tecnología del lenguaje sino que se dedicó toda su vida a la tecnología y me contagió su pasión por la ciencia y la ciencia ficción. Se refiere también a Stanislaw Lem, que escribió una de las novelas, no solo de ciencia ficción, más maravillosas del mundo y cuyo conflicto es el único posible para mí. Y finalmente a Tarkovski, quien filmó Solaris y la guionó excepcionalmente, y quien además condensa en su trabajo mucho de lo que yo quiero hacer. La imagen en Tarkovski es individual y perfecta en un mar de imágenes que en su forma de sucesividad líquida terminan liquidando todo prejuicio, esto es, toda mediación. Ese procedimiento es un procedimiento que vengo explorando hace ya varios años, y que quizás podría decirse que le otorga mayor unidad a mi obra, aunque no sea visible ya que la mayoría de esos textos no han sido publicados más que en revistas. El año que viene se publicará mi próximo libro, Marea de Aceite de Ballena, escrito en los años 2004 y 2005. Solaris como serie es posterior, y hace visible eso que ya es constante para mí. También es constante para mí la influencia de mi familia actual, una familia absolutamente electiva. En Solaris aparecen claramente otros elementos e influencias de mi experiencia, pero creo que en mi padre, en Lem, Tarkovski y en mi familia se condensan cuatro elementos vitales para mí, cuatro dones, el acceso al lenguaje, a la pregunta, a la imagen y al amor.
-Usted dirige desde 2004 la publicación Plebella, una revista de poesía actual de frecuencia cuatrimestral que ha alcanzado una importante repercusión. ¿Cómo nació el proyecto y cuáles son los objetivos que intenta llevar adelante con ella?
-La idea de Plebella nació en el año 2003, y la revista se concretó al año siguiente. El proyecto pretende ser de crítica y pensamiento sobre la poesía más cercana y contemporánea, en oposición a otras revistas que suelen publicar obra actual, pero solo ocasionalmente pensamiento sobre obras actuales, o también pensamiento sobre actualidad a través del punto de vista creativo del arte. Nos interesa el punto de vista de los artistas, escritores y poetas mayormente, aunque nuestros colaboradores suelen ser multifacéticos, en oposición a visiones académicas, por un lado, o periodísticas, por el otro. Esas visiones nos parece que corresponden a discursos que tienen una formación política, esto es, con reglas propias y dependientes de su campo, por lo tanto están sesgados al verdadero pensamiento, o al pensamiento que nos interesa, un pensamiento creativo y capaz de reflexionar sobre sus propios sesgos y prejuicios, y así cruzarse y dialogar con otras formas de pensar, escribir y decir. Algo que también nos interesa desde el núcleo fundador es la visión generacional. Los que hacemos Plebella, los idearios y obreros, somos personas nacidas mayormente a finales de los 60, en los 70 o en los 80. Esto, en las revista en papel, y con la distribución y repercusión que ha tenido Plebella, es bastante novedoso. Todas las demás revistas están ideadas y llevadas adelante por personas mucho mayores, y eso produce, con todo el respeto y admiración que tenemos por el trabajo de esas revistas, una falta de identificación para nosotros. Algo de cierto lenguaje en común que podemos desarrollar en Plebella, y que sentimos que sirve a todos, a los más grandes, a quienes tienen nuestra edad y a quienes vienen después de nosotros. Nuestros colaboradores, participantes y lectores por supuesto, no tienen que cumplir con ninguna franja etaria particular, en Plebella se puede leer a Leónidas Lamborghini que recientemente festejó los 50 años de su libro El solicitante descolocado hasta Mariano Massone, jovencísimo poeta que edita su blog angelexterminaddor.blogspot.com. Entonces, como revista nos proponemos como un espacio de reflexión, al margen de discursos más elitistas como el académico o el de las bellas letras y sobre todo, de las falsas polémicas de los medios. Nos interesa incorporar nuestra visión generacional y dialogar desde allí con todas las generaciones. También nos interesa sostener un lugar para el papel más allá de lo divertida y rápida que puede ser la web. Tenemos una sólida relación con la web, pero creemos que es importante la materialidad de la revista, promover otra velocidad para la lectura, promover otra relación con lo visual a través de la ilustración, el coleccionismo, que apuntan a tiempos más largos y plazos mucho más amplios. Como artistas creemos en procesos temporales más amplios que aquellos que propone la web, los medios de difusión, creemos en la madurez, por decirlo de una manera. Una revista en papel permite releer en cualquier espacio posible, al aire libre, sin ninguna conexión, sin siquiera electricidad!!! tomarse otro tiempo, hacer notas al margen, subrayar, señalar, apantallarse un rato mientras pensamos lo que acabamos de leer, dialogar con las ilustraciones, con el diseño, hacer correr el flipbook, con el tiempo armar una colección de revistas y volver a leer. Plebella está pensada como coleccionable, a través de las ilustraciones puede verse claramente una historia distinta. En ese sentido, fue maravilloso en el año 2007 organizar en la Biblioteca Nacional una muestra para la revista cuando cumplimos los 10 números, realmente se apreció ese trabajo y la colección apareció innegable frente a nosotros desplegada sobre las paredes.
-¿Según su criterio, cree que hay un auge por la poesía, una proliferación de emprendimientos que buscan difundirla, o esto existió desde siempre?, ¿cómo ve el panorama poético de Bs. As.?, ¿qué autores recomendaría y por qué?
-Siempre existió una enorme pasión por la poesía, aunque es un género que se resiste a la Historia y a la historización. De todos modos, con la historia más reciente, es doloroso pero lógico que así sea. El proceso y la dictadura reprimieron todas las libertades y la poesía apunta a la libertad. Por eso entonces fue silenciada. Sí creo que en los ’90, y de esto me siento parte conciente y responsable, ocurrió un estallido relacionado sobre todo con la primera generación de veinteañeros manifestándose en múltiples disciplinas artísticas y culturales después del silenciamiento de la dictadura. Contra los poderes residuales de los ’70 y un poco sobre el cansancio de las generaciones anteriores, los jóvenes inyectaron esperanza a todas las disciplinas e hicieron frente a la crisis a través de la cultura. En los años de vaciamiento económico surgieron muchísimos emprendimientos independientes que obviamente sobrevivieron a la crisis porque siempre habían estado en contra de aquello que produjo la crisis, de un modo que es simplemente un uso ideológico distinto de los mismos medios de producción. Por eso creo que hoy el panorama es tan variado. El proceso de los ‘90 produjo una democratización que hoy hace que los emprendimientos sean todavía más visibles. En los 2000 estamos llegando al punto de que hay tanto que es imposible visualizarlo todo, pero eso es saludable, eso es deseable, porque justamente atenta contra la unicidad y contra lo dictatorial, visión que los medios todavía pretenden sostener y por eso tenemos suplementos culturales tan flojos, centrados en anécdotas y biografías de autores, en precios de obras y subastas, en chismes y polémicas sin sustancia que circulan por la web. No hay en ellos reflexión sobre la cultura. El panorama poético de Buenos Aires me parece amplio e inabarcable, pero eso me seduce. Desde ese lugar de parcialidad recomiendo a aquellos autores que me seducen invariablemente porque me sacan de la cotidianeidad más implacable. Emiliano Bustos es uno de mis preferidos, tiene una visión plástica y a la vez histórica que es imposible de esquivar, es certero, al tiempo que nos da el tiempo de sumergirnos en imágenes y metáforas, somos nosotros quienes encontramos el camino, nada se nos regala con ningún slogan. Me seducen algunos poetas más jóvenes que ya mencioné también, como Adriana Kogan cuyo estilo discursivo y plenamente ficcional y ondulatorio también me resulta inequívoco sin regalar nada. Juana Roggero, con un estilo aparentemente más directo también me seduce, porque se aleja de los lugares comunes y los golpes bajos logrando simplemente transmitir una experiencia, que es casi siempre una experiencia de la contradicción. Todos ellos apelan a un nosotros, esto es, a una idea de humanidad integral que me seduce y me identifica, y donde se da lugar a lo individual, a lo nacional, a lo universal. Uno no puede hacerse el sordo cuando los lee.
Augusto Munaro



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