Argentina, San Juan, Miércoles 02 de Diciembre de 2020
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El Metodo Merkel






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Su salida, prevista para el otoño de 2021, marcará el ocaso de un tiempo político. Más de una docena de personalidades trazan el retrato de sus 15 años a los mandos de la Unión
“Cuando era una niña, en las clases de natación subió a un trampolín de cinco metros y fue la última en saltar, justo en el último momento. Saltó, pero solo cuando tenía que hacerlo”. Pocas anécdotas sobre Angela Merkel desvelan tanto sobre el carácter de la canciller alemana como ésta recordada por Wolfgang Schäuble, ministro clave de su Gobierno durante 12 años. “Tiene un estilo de liderazgo que se caracteriza, como ella misma ha dicho alguna vez, por no comprometerse hasta el último momento. Mantiene abiertas todas las posibilidades”, explica Schäuble, una de las personas que más ha trabajado con la canciller, en su despacho de presidente del Bundestag en Berlín.

Enigmática y rodeada de un círculo muy reducido de confianza, Merkel se aproxima al final de una trayectoria política excepcional, que la ha convertido en la líder europea más importante del siglo XXI. El año que viene, salvo sorpresas, concluirá su cuarto y último mandato consecutivo, una etapa clave en la que ha dado forma a la Europa que conocemos. Berlín ha sido la potencia de facto de la Unión durante estos 15 años, en los que difícilmente se ha podido hacer nada sin el visto bueno de Alemania. Ningún otro país tiene tanto poder en Europa. Cómo ejerza el poder quien gobierne en Berlín resulta decisivo. Comprender a Merkel resulta imprescindible para entender la Unión que ha modelado por acción y, también, por omisión.

Merkel ha ejercido ese liderazgo sin haberse dejado deslumbrar por el poder ni haber cedido un ápice en la protección de su personalidad más íntima. Son muchos los líderes mundiales que han tratado de desentrañar el pensamiento de esta política flemática, que conjuga una capacidad de análisis y de escucha fuera de lo común con un aguante físico y psicológico capaz de tumbar al político más veterano.


Su formación científica y sus artes divulgadoras han embelesado a medio mundo con la llegada del maldito virus, cuyos estragos económicos amenazan con sembrar Europa de cadáveres sociales. La semana pasada, Merkel, de la mano de Emmanuel Macron, se atrevió a imprimir un giro histórico de la política alemana en Europa al permitir la financiación de la reconstrucción con deuda europea. “La respuesta es que Europa tiene que actuar junta. El Estado nación por sí solo no tiene futuro [...]. A Alemania solo le irá bien si a Europa le va bien”, sentenció, tras presentar un plan, bautizado ya en la prensa mundial como el “momento Hamilton”, en alusión al secretario del Tesoro estadounidense que forjó la unión fiscal tras la revolución americana. El 1 de julio, Alemania asume la presidencia semestral de la Unión, con la que Merkel tiene su última gran oportunidad para sellar su legado.

Los que la conocen hablan de un particular sentido del humor, más allá de su imagen de política austera e implacable. En su agenda buscó un hueco en 2015 para sentarse a la mesa con Mariano Rajoy. “Estuvimos unas tres horitas de sobremesa. Lo pasamos muy bien, nos reímos mucho, hablamos de fútbol, le gusta mucho el fútbol”, recuerda ahora divertido el expresidente del Gobierno.

Rajoy y más de una docena de actores políticos de primera fila trazan en este reportaje el retrato europeo de un hacer político extraordinario, a través de entrevistas realizadas en Berlín, Bruselas, Madrid, Múnich y Milán. Algunos han querido que se publique su nombre y otros no. Personas que la conocen, que han negociado y viajado con ella, que la han tratado en público y en privado, en la sala del Consejo Europeo, en un avión o en el comedor de un pequeño restaurante. Su relato ofrece a la vez una mirada atípica a los pasillos del poder en Bruselas.


Fotogalería: El legado de Merkel
Recorrido visual por la trayectoria de la figura más importante de la política europea de los últimos 15 años
La Alemania de Merkel tocará previsiblemente pronto a su fin coincidiendo con el final de una era en la que el multilateralismo, la integración europea, el euro se daban por hecho. Su salida, prevista para el otoño de 2021, marcará el ocaso de un tiempo político que empieza a percibirse como lejano y abrirá paso a uno nuevo, plagado de interrogantes existenciales para la Unión.

Arranca a la vez, el juicio histórico sobre la figura de Merkel. Las entrevistas arrojan un retrato con bastantes luces y algunas sombras. Sus cuatro mandatos han marcado la trayectoria del Viejo Continente durante tres lustros, cuajados de debacles políticas y económicas. La popularidad de la canciller dentro y fuera de sus fronteras contrasta con el calamitoso estado de la Unión que deja en herencia, una Unión llena de controles fronterizos, con derivas autoritarias en varias capitales y con una Unión Monetaria aún incompleta.

La irrupción del coronavirus, el mayor reto desde la II Guerra Mundial, en palabras de Merkel, le ha brindado una inesperada oportunidad para reivindicarse como gran líder europea. Y su reciente entendimiento con Francia muestra que la dirigente alemana parece dispuesta a jugársela para rematar su legado con un importante salto en la integración europea tan importante como la emisión de deuda conjunta.
Su salida, prevista para el otoño de 2021, marcará el ocaso de un tiempo político. Más de una docena de personalidades trazan el retrato de sus 15 años a los mandos de la Unión
“Cuando era una niña, en las clases de natación subió a un trampolín de cinco metros y fue la última en saltar, justo en el último momento. Saltó, pero solo cuando tenía que hacerlo”. Pocas anécdotas sobre Angela Merkel desvelan tanto sobre el carácter de la canciller alemana como ésta recordada por Wolfgang Schäuble, ministro clave de su Gobierno durante 12 años. “Tiene un estilo de liderazgo que se caracteriza, como ella misma ha dicho alguna vez, por no comprometerse hasta el último momento. Mantiene abiertas todas las posibilidades”, explica Schäuble, una de las personas que más ha trabajado con la canciller, en su despacho de presidente del Bundestag en Berlín.

Enigmática y rodeada de un círculo muy reducido de confianza, Merkel se aproxima al final de una trayectoria política excepcional, que la ha convertido en la líder europea más importante del siglo XXI. El año que viene, salvo sorpresas, concluirá su cuarto y último mandato consecutivo, una etapa clave en la que ha dado forma a la Europa que conocemos. Berlín ha sido la potencia de facto de la Unión durante estos 15 años, en los que difícilmente se ha podido hacer nada sin el visto bueno de Alemania. Ningún otro país tiene tanto poder en Europa. Cómo ejerza el poder quien gobierne en Berlín resulta decisivo. Comprender a Merkel resulta imprescindible para entender la Unión que ha modelado por acción y, también, por omisión.

Merkel ha ejercido ese liderazgo sin haberse dejado deslumbrar por el poder ni haber cedido un ápice en la protección de su personalidad más íntima. Son muchos los líderes mundiales que han tratado de desentrañar el pensamiento de esta política flemática, que conjuga una capacidad de análisis y de escucha fuera de lo común con un aguante físico y psicológico capaz de tumbar al político más veterano.


Su formación científica y sus artes divulgadoras han embelesado a medio mundo con la llegada del maldito virus, cuyos estragos económicos amenazan con sembrar Europa de cadáveres sociales. La semana pasada, Merkel, de la mano de Emmanuel Macron, se atrevió a imprimir un giro histórico de la política alemana en Europa al permitir la financiación de la reconstrucción con deuda europea. “La respuesta es que Europa tiene que actuar junta. El Estado nación por sí solo no tiene futuro [...]. A Alemania solo le irá bien si a Europa le va bien”, sentenció, tras presentar un plan, bautizado ya en la prensa mundial como el “momento Hamilton”, en alusión al secretario del Tesoro estadounidense que forjó la unión fiscal tras la revolución americana. El 1 de julio, Alemania asume la presidencia semestral de la Unión, con la que Merkel tiene su última gran oportunidad para sellar su legado.

Los que la conocen hablan de un particular sentido del humor, más allá de su imagen de política austera e implacable. En su agenda buscó un hueco en 2015 para sentarse a la mesa con Mariano Rajoy. “Estuvimos unas tres horitas de sobremesa. Lo pasamos muy bien, nos reímos mucho, hablamos de fútbol, le gusta mucho el fútbol”, recuerda ahora divertido el expresidente del Gobierno.

Rajoy y más de una docena de actores políticos de primera fila trazan en este reportaje el retrato europeo de un hacer político extraordinario, a través de entrevistas realizadas en Berlín, Bruselas, Madrid, Múnich y Milán. Algunos han querido que se publique su nombre y otros no. Personas que la conocen, que han negociado y viajado con ella, que la han tratado en público y en privado, en la sala del Consejo Europeo, en un avión o en el comedor de un pequeño restaurante. Su relato ofrece a la vez una mirada atípica a los pasillos del poder en Bruselas.


Fotogalería: El legado de Merkel
Recorrido visual por la trayectoria de la figura más importante de la política europea de los últimos 15 años
La Alemania de Merkel tocará previsiblemente pronto a su fin coincidiendo con el final de una era en la que el multilateralismo, la integración europea, el euro se daban por hecho. Su salida, prevista para el otoño de 2021, marcará el ocaso de un tiempo político que empieza a percibirse como lejano y abrirá paso a uno nuevo, plagado de interrogantes existenciales para la Unión.

Arranca a la vez, el juicio histórico sobre la figura de Merkel. Las entrevistas arrojan un retrato con bastantes luces y algunas sombras. Sus cuatro mandatos han marcado la trayectoria del Viejo Continente durante tres lustros, cuajados de debacles políticas y económicas. La popularidad de la canciller dentro y fuera de sus fronteras contrasta con el calamitoso estado de la Unión que deja en herencia, una Unión llena de controles fronterizos, con derivas autoritarias en varias capitales y con una Unión Monetaria aún incompleta.

La irrupción del coronavirus, el mayor reto desde la II Guerra Mundial, en palabras de Merkel, le ha brindado una inesperada oportunidad para reivindicarse como gran líder europea. Y su reciente entendimiento con Francia muestra que la dirigente alemana parece dispuesta a jugársela para rematar su legado con un importante salto en la integración europea tan importante como la emisión de deuda conjunta.



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