Argentina, San Juan, Lunes 22 de Mayo de 2017
FM Del Sol - La Justa - 91.9
Historia política de San Juan 1983 - 1987
Por Daniel Chango Illanes





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“Si el pasado es sabido, el presente es conocido y el futuro vislumbrado”

En 1983, el peronismo, el radicalismo y el bloquismo, disputaban una elección histórica en San Juan.

Derrotada a nivel nacional la fórmula Italo Argentino Lúder – Deolindo Felipe Bittel, en San Juan César Ambrosio Gioja no pudo contra el acuerdo tenaza entre Alfonsín y Leopoldo Bravo, trabajado con maestría por el gran operador de Alfonsín en el 83, Raúl Borrás.

En las candidaturas nacionales se impuso la fórmula radical de diputados nacionales, Ricardo Colombo- Miguel José Moragues. La minoría la obtuvieron el bloquista Juan Antonio Díaz Lecam, más tarde radical alfonsinista y la esposa del caudillo, Ivelise Falcioni.

El peronismo obtuvo también dos bancas, de las seis en disputa. Llegaron al Congreso Olga Riutort y Pedro Salvador Rodríguez.

Norberto Marini no fue el tercer diputado radical por una escasa diferencia en el recuento de votos, que suscitó comentarios.

Empujado por Alfonsin, el radicalismo hizo tan buena elección que por muy pocos votos no metió los tres diputados nacionales en juego.

Pero a Carlos Teófilo Alonso, candidato a gobernador de la UCR no le fue bien en esa elección. Hubo muchos votos combinados con la boleta alfonsinista para presidente y bloquista para gobernador.

Los radicales sostenían, en esa época, y junto a ellos no pocos “independientes”, que hubieran votado por Ricardo Colombo si hubiera sido candidato a gobernador. Pero Colombo no aceptó ser candidato, principalmente por razones de salud, y porque no quiso arriesgar frente al bloquismo. Estaba gravemente enfermo, es verdad. Pero podría haber tenido éxito electoral a pesar de ello por cuanto era una figura de mucho prestigio en la clase media sanjuanina. Falleció de una enfermedad respiratoria en 1986, siendo legislador nacional.

En 1983, en San Juan, fueron derrotados el radical Carlos Teófilo Alonso y el peronista César Ambrosio Gioja. Este último había sido presidente del bloque de diputados justicialistas durante la gobernación de Eloy Próspero Camus. Puede decirse sin riesgo de error, que César fue la figura más importante de esse gobierno después del propio Camus, y el sucesor más perfilado de de éste.

César Gioja se inició en los años 60 como dirigente estudiantil durante la huelga de la Universidad Católica contra su rector, el ultraderechista monseñor Manfredi. En ese entonces era uno de los distribuidores de la revista Cristianismo y Revolución. Ingresó al peronismo tras ser convocado por el propio Camus. Se han dicho sobre César Gioja muchas cosas falsas: nunca fue montonero. Tuvo proximidad, sí, con Guardia de Hierro, la agrupación peronista dirigida por Alejandro Alvarez y Alejandro Pandra. Pero en realidad, nunca se sintió demasiado integrado a estos grupos. Fue siempre un típico peronista sanjuanino, receloso de cualquier esquema ideológico rígido. Se parecía a Eloy Camus en ese aspecto.

En 1983 apareció en el escenario político sanjuanino una figura nueva, de mucha personalidad: Olga Riutort. Había pasado también por Guardia de Hierro. Fue una militante peronista ligada a César Gioja.

En la interna peronista de 1983 jugaron cuatro conjuntos:

Lista Blanca: César Gioja, José Ubaldo Montaño, José Luis Gioja, Olga Riutort, Pero Salvador Rodríguez, Luis Alberto Quito Martçinez, Vallejo del gremio de Municipales, Roberto Pagés, Guillermo de Sanctis, el abogado Vázquez, a quien cariñosamente sus compañeros apodaban Piojo, un hombre que había participado a la militancia de la Iglesia del Tercer Mundo, Hugo Aguilar y Tati Aguilar, hijos del vicegobernador Francisco Aguilar (1973-1976). Obtuvo el 48% de los votos.

Lista Celeste: Ruperto Honorio Godoy, que falleció en setiembre de 1982, sucedido en la conducción de la línea el ingeniero Giuliani, Ruperto Godoy (III), Oscar Gambetta, Alberto Teófilo Echegaray, Hugo Salazar, Ricardo Gómez, y el martillero Terzi. Obtuvo el 30% de los votos.

Lista Verde: Eloy Próspero Camus, Antonio Rodolfo Lloveras, Néstor “Pata” Guimaraes, Francisco Quito Bustelo, Carlos Fernando Yossa, Bibiano Quiroga, Leopoldo Rago Gallo y Cayetano Dara. Obtuvo el 13% de los votos.

Lista Rosada: Roque Gallerano. Obtuvo el 6% de los votos.

Los congresales partidarios se reunieron en el camping de Empleados de Comercio. Allí salió la fórmula César Ambrosio Gioja – Pablo Ramella. Como candidatos a diputados, Olga Riutort y Pedro Salvador Rodríguez.

El radicalismo tuvo que remar contra una furibunda corriente: sus grandes malas famas: aparecía como extraño y externo a San Juan, tenía fama de conflictivo interiormente, exhibió durante toda su historia un desorden intraorganizacional muy severo, nunca tuvo un caudillo, y en las provincias eso ha sido visto como cosa de mucho riesgo. El único caudillo real que surgió de la UCR sanjuanina fue Federico Cantoni, fundador de la fracción radical blquista en los años veinte del siglo pasado, a quien siempre los radicales envidiaron y hasta odiaron.

Salvo en 1987, el radicalismo sanjuanino nunca tuvo un programa para San Juan. Aclaremos que un programa político – formalmente escrito o no – consiste en puntualizar con hechos o palabras, o con las dos cosas, a qué sectores de la sociedad se protege desde una eventual posición de poder. El radicalismo sanjuanino no lograba hacer que algún sector de la sociedad sanjuanina se sintiera por él protegido, porque siempre fue un partido de ciudadanía cívica que miraba con recelo la ciudadanía social.

Los radicales sanjuaninos provenían pero no representaban a los sectores medios. En todo caso los representaban en una porción minoritaria de acérrima tradición anticantonista o antiperonista.

Hubo algunos radicales sanjuaninos con cierta pasta de caudillos, pero no pasaron de ser dirigentes departamentales, como pasó con Teobaldo Jiménez en Jáchal o Rolando Sánchez en Albardón. Ninguno de ellos consiguió hacer pie más allá del límite de sus municipios. Ambos eran médicos. Eran una reproducción a escala menor del populismo galénico que ha tenido varios ejemplos en nuestra historia.

De la línea de Rolando Sánchez venía otro radical albardonero que fue consecuente alfonsinista, el médico Carlos Teófilo Alonso Tenía este dirigente un gran sentido de la libertad de opinión y expresión, aunque asumía la política como una parte de su vida y no como una vocación totalizadora. No creo equivocarme si digo que Alonso fue el más demócrata de los políticos sanjuaninos. Pero la democracia, en excesiva dosis, da un resultado paradójico: suele volver inocua la acción y se vuelve en cierto modo pasiva y no volitiva.

El grupo radical que se impuso en 1982 fue Renovación y Cambio. En San Juan estaba dividido en dos: uno de los sectores lo dirigía Miguel José Moragues, corredor de seguros, el otro sector lo lideraba Norberto Marini, maestro y bancario. Ambos eran radicales desde muy jóvenes y estuvieron siempre a favor de Raúl Alfonsín. Ambos eran hombres de un conocimiento directo y práctico de la política.

Detrás de Moragues se formó un grupo con posiciones progresistas integrado por José Podda, Felipe Ziade, Juan José Russo y Antonio De Tommaso. Y también radicales con formación partidaria de orígen familiar, como los hermanos Mercado de Caucete, Omar Wilo Cassú, y otros.

El grupo de Norberto Marini estaba integrado por dos sectores: uno de tradición unionista, encabezado por Domingo Chuzo Usín, un cardiólogo emparentado por su madre con la familia Castro Urcullu, fundadora del unionismo en San Juan. Usín pertenecía a la raíz unionista de la Coordinadora, que estaba integrada por dirigentes a nivel nacional como Enrique Coti Nosiglia y Carlos Becerra.

Becerra y Usín habían tenido alguna simpatía por el Ejército Revolucionario del Pueblo. No participaron de esa estructura pero la veían con buenos ojos porque era una guerrilla no peronista, con algunos dirigentes provenientes de familias radicales.

Marini y Moragues eran hombres de una gran vocación militante. Tenían ambición política pero no eran codiciosos. No tenían la más mínima propensión a enriquecerse. Fueron políticos celosos de su buen nombre. Muchas veces tuvieron que defenderse de los codazos y empujones de quienes querían reemplazarlos.

Es cierto también que Moragues y Marini rivalizaban y eran grandes operadores internistas.

Moragues impulsó al sabatinista y alfonsinista Carlos Teófilo Alonso para gobernador en 1983. Alonso era un hombre de gran apertura cultural y dictrinaria, y de una sencillez que llegaba a ofender a cualquier presuntuoso.

Acompañó a Alonso en la fórmula el abogado Antonio de la Torre, hombre de recursos económicos y deseoso además de llegar a la gobernación. De la Torre fue impulsado por el grupo liderado por el doctor Ricardo Colombo.

Marini, en el espíritu de la interna, que para los radicales ha sido y es un asunto de primordial importancia, estableció un acuerdo con Mario Alberto Gerarduzzi, quien pasó a liderar el grupo denominado Celeste.

Mario Alberto Gerarduzzi fue juez federal de San Juan desde fines de la presidencia de Arturo Humberto Illia hasta el final del Proceso. Fue una figura apoyada a fines de los 50 por los sectores jóvenes del radicalismo. En los 60 fue Director General de Provincias en la presidencia de Illia.

Los radicales moraguistas, y todos los sectores que defendían los derechos humanos, consideraban a Gerarduzzi, como un cómplice de las dictaduras de la Revolución Argentina y del Proceso. Para ser juez había jurado por la Constitución Nacional, el Estatuto de la Revolución Argentina y el Estatuto del Proceso. Como decía el doctor Laureano Moreno, era un juez perjuro por haber jurado por fundamentos jurídicos contradictorios (la Constitución y los estatutos que la negaban).

Marini lo había levantado como candidato porque su sector no tenía una figura con la suficiente instalación política como para encabezar una lista. El liderazgo real lo tenía Norberto Marini, no Mario Gerarduzzi. Pero el radicalismo más gorila lo seguía a éste. Lo veía como un referente ofertable para lo que se llamaba “voto independiente”.

De cualquier manera, no era así. No existía el voto independiente, y cuando fueron las elecciones, el electorado votó por Alfonsín y el Plan Austral. No por Gerarduzzi, que era el candidato en primer término en 1985.

La interna radical de 1985 fue entre la Roja y Blanca (Moragues), versus Lista Celeste-Naranja (Marini, Colombo, Gerarduzzi). Obtuvo el tercer lugar la Lista Azul y Blanca, liderada por Héctor Miguel Seguí.

El sector Naranja (Colombo) pasó a enfrentar a la Roja y Blanca de Moragues, que había sido su aliada dos años antes.

En 1985, los bloquistas se consideraban con todos los resortes del control político en sus manos. Tenían la llave de los acuerdos y entendimientos con Raúl Alfonsín. Tenían la llave del control de los medios de comunicación locales. Tenían la llave del manejo del Estado: podían proteger a quien quisiera y arrancarles las cobijas a quien se les diera la gana.

El prestigio de Alfonsín, claro está, era muy alto. Y el bloquismo se estrelló contra él y fue derrotado. Leopoldo Bravo no aceptó el resultado y renunció al gobierno. Se fue a Buenos Aires y asumió el vice, el médico Jorge Ruíz Aguilar.

Fue así como llegaron al Congreso dos radicales, Mario Alberto Gerarduzzi y Domingo Usín.

Jorge Ruiz Aguilar gobernó hasta 1987, concluyendo el mandato interruptor por renuncia de Leopoldo Bravo.

En 1985, los bloquistas perdieron mucho, pero no todo. Perdieron la elección de diputados nacionales. El propio hijo del caudillo, Leopoldo Alfredo Bravo perdió en Trinidad una banca a la que había renunciado el boquista Turcumán, designado en la embajada en Rusia, entonces a cargo de Federico Bravo. Esa banca la ganó Marini.

Pero Leopoldo Bravo no perdió la condición de principal interlocutor de Alfonsín en San Juan.

Al volver al Senado, el caudillo se transformó en un operador del alfonsinismo, a tal punto que la Cordinadora, el apparatchik dirigido por Enrique Coti Nosiglia, empezó a operar para el bloquismo.

Temeroso el radicalismo de un próximo reverdecer del peronismo, veía en Bravo un aliado fundamental por el peso que tenía en San Juan y en las provincias. Nosiglia veía en Bravo, además, un puente para contrarrestar riesgos golpistas en las fuerzas armadas.

En el radicalismo el triunfo de 1985 produjo una caída en la soberbia. Pero siempre en un estado de ambigüedad. Los mismos que hoy decían no unirse con el bloquismo, al poco tiempo caían en la tentación del acuerdo fácil.

Bravo tentaba con el acuerdo a un grupo u otro. Con eso lograba que los grupos internos se enfrentaran. Y el gobierno alfonsinista presionaba a los dirigentes radicales sanjuaninos.

Bravo no podía ni quería volver al gobierno. Les hacía creer a los radicales que podía llegar a apoyar a alguno de ellos. En realidad tenía en sus manos un liderazgo suplente. Era Carlos Enrique Gómez Centurión, un geólogo, líder de los sectores denominados independientes y figura del “partido militar”. Había sido senador nacional por el bloquismo y antes gobernador en tiempos de la dictadura lanussista.



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