Argentina, San Juan, Miťrcoles 31 de Agosto de 2016
Otro Mundo es posible
Entrevista a Jaume Asens, abogado y defensor de los Derechos Humanos - Por: Garazi Mugertza





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"El derecho puede ser un arma valiosa para aquellos que se resisten al poder"
¬ŅCu√°l es el mensaje central de su libro?

¬ęNo hay derecho(s)¬Ľ no pretende ser un libro de vanguardia, sino, m√°s bien, un libro de retaguardia que lo que intenta es recoger las conocimientos y experiencias adquiridas durante todos estos a√Īos en espacios de luchas por los derechos humanos, en los movimientos sociales. El t√≠tulo b√°sicamente es un grito vinculado a los oprimidos, una exclamaci√≥n de injusticia que sienten aquellos que, de alg√ļn modo, la viven. Es un grito antiguo, de quien se revelaba contra los dioses, de las mujeres contra el patriarcado, de los trabajadores contra el poder empresarial o de los disidentes contra el poder religioso. Hist√≥ricamente ha sido la bandera de aquellos que han impugnado al poder. Es una exigencia √©tico-moral que, muchas veces, se ha hecho contra la legalidad que produce el poder.

Pero ya desde el inicio los oprimidos se dieron cuenta de que tambi√©n pod√≠a ser un grito que se hiciera en nombre de la legalidad. Porque el poder incumple su propia legalidad, el poder, muchas veces, deviene ilegal porque no es capaz de respetar sus propias reglas del juego y esa es una fuente de deslegitimaci√≥n importante. Por tanto el oprimido puede disputarle la legitimidad al poder haciendo combate por la visibilizaci√≥n de esas contradicciones, de esa ilegalidad en que cae. Como dice la frase de Engels: ¬ęla legalidad os mata¬Ľ. Y ello sucede mucho m√°s hoy en d√≠a que la legalidad est√° enriquecida con una serie de tratados, constituciones y cartas que reconocen derechos humanos y principios garantistas. La conciencia que surge en el mundo Occidental de que el horror de Auschwitz no puede repetirse alumbra un nuevo paradigma. Se redescubre el significado del constitucionalismo social que limita lo que antes era el estado liberal como legislador absoluto. Esos principios entra√Īan l√≠mites y controles a poderes de todo tipo, p√ļblicos y privados, de estado y de mercado. Por ejemplo, la separaci√≥n de poderes y los derechos fundamentales, principios negados por el fascismo.

Los marcos jurídicos creados a partir de ese nuevo paradigma son una legalidad muy exigente. Nosotros intentamos mostrar cómo, en diferentes ámbitos y en tiempos de crisis y movilizaciones, esta legalidad se convierte en un espejo incómodo para el poder. Porque refleja la arbitrariedad jurídica, además de ético-política, de muchas actuaciones de poder realizadas en nombre del Derecho. Pero también porque permite juzgar de otro modo los actos de protesta y desobediencia que se alzan contra ellas. No ya como actos delictivos, objeto de criminalización, sino como herramientas legítimas, incluso necesarias, para forzar al poder a cumplir su propia legalidad y crear marcos jurídicos más igualitarios y libres de violencia. La idea es que el derecho normalmente se pone al servicio del poder y es un instrumento hegemónico de control, pero a la vez puede otorgar un arma valiosa a aquellos que se resisten a él. Hoy en día resistir al Derecho en nombre del Derecho ya no es una contradicción. Es algo indispensable para revertir la actual situación de violación sistemática de los derechos por parte del poder.

Trasladando esas tesis al terreno pr√°ctico, usted ha sido observador del proceso 18/98. En esta d√©cada pasada, ¬Ņc√≥mo se ha utilizado el Derecho en Euskal Herria?

En este caso el Estado espa√Īol pone el Derecho al servicio de su pol√≠tica en Euskal Herria para hacer un uso interesado, para degradarlo y justificar actos de barbarie como actos de Derecho. El sumario 18/98 se inscrib√≠a en esa cultura de excepci√≥n con una idea aberrante puesta en boga por el juez Garz√≥n: todos los grupos vinculados a la izquierda abertzale son, o est√°n destinados a ser, ap√©ndices de la estructura de ETA. De ese modo, la lucha antiterrorista se convierte en un verdadero acto de guerra que tiende a consolidar un derecho penal de autor: la idea es castigar no por lo que se ha hecho sino por lo que se es. All√≠ ha estado el reto de las asociaciones de derechos humanos y de la izquierda abertzale. En visibilizar ese proceso y darle la vuelta para conseguir desenmascararlo y demostrar que es una clara derrota del estado de derecho; que son ellos los ilegales, los que quieren convertir la excepci√≥n en norma.

Y ello se agrava tras los atentados del 11S...

A partir de ah√≠ se inaugura un nuevo paradigma liberticida, una guerra global permanente que modifica las reglas del juego, la tradici√≥n ilustrada, y que legaliza medios inusuales e ilegales de excepcionalidad. Esa guerra hab√≠a empezado antes en Euskal Herria. Pero, s√≠, se consolida y agrava despu√©s del 11S, cuando las actuaciones de excepci√≥n se multiplican. Estropicios legislativos, judiciales o policiales de todo tipo. Se cierran peri√≥dicos, se proh√≠ben actos de protesta, se introducen delitos de opini√≥n y hasta se amenaz√≥ con encarcelar a un lehendakari por convocar una consulta sobre el propio autogobierno. De hecho, basta pensar en la Ley de Partidos de 2002 como instrumento ad hoc para liquidar pol√≠ticamente a un sector de la sociedad que quiere trascender el marco constitucional. Ciudadanos que no pueden expresar su opini√≥n pol√≠tica. Ni en la calle, con manifestaciones ilegalizadas, ni en las urnas. A pesar de la letan√≠a formal de que ¬ęen una democracia se pueden defender todas las ideas¬Ľ, tal engendro jur√≠dico se acept√≥ sin esc√°ndalo por una parte importante de la sociedad. Un s√≠ntoma claro de su degradaci√≥n c√≠vica.

¬ŅQu√© opina de la declaraci√≥n del ministro de Interior, Jorge Fern√°ndez D√≠az, al decir que no cumplir√° la sentencia del TEDH sobre la ¬ędoctrina Parot¬Ľ?

Pues que es un buen ejemplo para poner en pr√°ctica lo dicho. Es una fuente de deslegitimaci√≥n. Las asociaciones de derechos humanos tienen esa sentencia de Estrasburgo para ello. Adem√°s el incumplimiento de la sentencia puede tener consecuencias para el Estado espa√Īol.

¬ŅQu√© tipo de consecuencias?

El Consejo de Europa tienen la función de vigilar el cumplimiento del Convenio de Estrasburgo y puede imponer desde sanciones financieras hasta adoptar medidas más drásticas, como la expulsión de un país de la UE, como pasó con el caso de los generales de Grecia, después del golpe de estado.

¬ŅCu√°l quisiera y cu√°l cree que ser√° el futuro de la Audiencia Nacional tras el nuevo ciclo pol√≠tico abierto en Euskal Herria?

Lo deseable seguramente es que la Audiencia Nacional se convirtiera en un tribunal de justicia universal y que se ampliaran las competencias que ahora se han restringido. Ha sido pionera en eso y ha contribuido a que otros países ajustaran cuentas con un pasado dictatorial que permanecía impune. Otra cosa ha sido cuando se han abierto causas contra países poderosos. O cuando el caso de los crímenes del franquismo. Ahora con la querella presentada en Argentina para reabrir la investigación aquí bloqueada puede pasar algo curioso: que sea la periferia quien recuerde a la metrópolis que hay crímenes deleznables que no pueden enterrarse en las fosas del olvido.

Lo cierto es que con la Audiencia Nacional se pone en evidencia uno de los problemas de las pol√≠ticas de excepci√≥n. Medidas que nacieron como excepcionales y para combatir un fen√≥meno concreto, luego se difuminan para el conjunto del entramado institucional, generan poderes y resistencias que incluso ni sus impulsores pueden controlar del todo. Y, cuando el fen√≥meno desaparece o est√° en evidente perspectiva de desaparecer, hay un riesgo de que se normalicen y no se desmonten. Eso es lo que estamos viendo ahora que hay un cese definitivo de ETA. Legislaciones excepcionales, tribunales excepcionales, pr√°cticas policiales excepcionales. Y tambi√©n, claro, sistemas penitenciarios especiales. Alfredo P√©rez Rubalcaba dec√≠a que tenemos el sistema penitenciario m√°s duro de la UE. Ten√≠a raz√≥n y sobretodo para el colectivo de presos pol√≠ticos, que viven un trato claramente discriminatorio. De todo ello a√ļn no se ha tocado nada y eso es muy grave.

Dentro de la respuesta social a la crisis, despu√©s de la huelga general ha habido varias detenciones tanto en Catalunya como en Euskal Herria. ¬ŅC√≥mo valora esta actuaci√≥n?

Hay un ciclo de represi√≥n que va a la par de una movilizaci√≥n de masas. Hay nuevos medios de protesta y tambi√©n nuevas medidas de represi√≥n y eso se ha puesto en evidencia despu√©s de la huelga general. Hay un antes y un despu√©s y hay toda una bater√≠a de medidas que tanto el Gobierno de Madrid como el de Barcelona reclaman, desde una mayor contundencia policial y judicial hasta m√°s unidades antidisturbios, una Fiscal√≠a especializada en violencia urbana, seguimiento de las redes sociales y asimilaci√≥n de la protesta al terrorismo, intentando trasladar la pol√≠tica antiterrorista de Euskal Herria al resto del Estado, hasta incluir la resistencia pac√≠fica como delito de atentado. En el fondo eso se√Īala un proceso contradictorio que tiene que ver con la m√°xima visibilizaci√≥n de la persona declarada manifestante y m√°xima dureza. Y contrasta con la impunidad bajo la cual se producen las actuaciones de poder.

En definitiva, considero que tienen miedo. Tienen claro que hay un desborde importante. Lo dijo Dominique Strauss-Kahn siendo presidente del FMI: las políticas neoliberales que se van a aplicar a raíz de la crisis van a generar desordenes y revueltas. Ese diagnostico era certero. Y en un momento de descomposición del estado social y del estado de derecho, para controlar a la población tienen que dar una imagen de firmeza, de dureza, para restaurar el miedo, como dijo Felip Puig. Porque la carga de deslegitimidad de estas medidas es muy grande y son conscientes de que ese proceso de movilizaciones continuas puede llevar a una situación como la de Grecia, donde ocho huelgas han llevado a que esa protesta se traslade de la calle al Parlamento. Syrizia es producto de eso. El poder para afianzarse necesita inculcar miedo a la ciudadanía y la lista de enemigos cada vez es más amplia. El rostro de ese enemigo se esta normalizando. Ya no es alguien que está en una posición extrema de la sociedad. Puede llegar incluso a las capas medias, a la burguesía, como pasó en Argentina con la crisis.

¬ŅC√≥mo puede garantizar el ejercicio de los derechos el Derecho?

Una forma es en la calle. Yo creo que los derechos se protegen en esas cartas y constituciones pero estas son papel mojado si no hay una funci√≥n de vigilancia y de ejercicio efectivo de esos derechos en la calle. No hay derecho que haya nacido sin la desobediencia; todo derecho ha nacido de la ilegalidad. La primera huelga se convoc√≥ sin derecho a huelga. Erich Fromm dec√≠a que la humanidad naci√≥ de un acto de desobediencia y no ser√≠a extra√Īo que muriera en un acto de obediencia. En el fondo, todos los derechos han sido creados por los llamados ¬ęantisistema¬Ľ. Si hoy tenemos jornadas laborales de ocho horas es porque ha habido gente, en un momento hist√≥rico determinado, llamado movimiento obrero, que han sido tratados en su momento como ¬ęantisistema¬Ľ que han forzado la legalidad de ese momento y han creado nuevos derechos.



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