La verdadera catástrofe que está sufriendo el pueblo chileno no se debe solamente a la imprevisibilidad sísmica o a alguna quimera del destino. No es el terremoto lo que trae las mayores penurias. La verdadera catástrofe es el abandono y la falta de contención de las víctimas por parte del Estado.
Los ricos, aquellos que perdieron sus mansiones o departamentos no tendrán muchas dificultades en reconstruir sus vidas. Pero una gran parte de la población, la carente de recursos, la que vive desde hace décadas en la pobreza, la que forma parte de esa clase social de la que difícilmente puede salir, si antes estaba en una situación crítica debido al carácter de su realidad, hoy, además, sufre en carne propia el abandono institucionalizado por medio del estado de excepción en el que están las regiones chilenas del Maule y Bío Bío.
Y es que en un Estado que siempre es el ejemplo a seguir de columnistas como Andrés Oppenheimer por su “progreso económico”, en el que el neoliberalismo ha prevalecido incólume desde que Augusto Pinochet comenzó sus reformas económicas y políticas, allá en los años 70, es muy difícil sobrevivir cuando no se tiene nada.
Cuando la salud es paga, cuando las madres con niños con hidrocefalia tienen que cruzar la cordillera para venir a la Argentina a hacerlos tratar en los hospitales públicos porque como ellas dicen, “si me quedo allí se me muere”; cuando la universidad es pública, pero sólo acceden los que pueden pagarla, cuando no puedes elegir libremente tu carrera, cuando las políticas sociales son concebidas como resabios del izquierdismo de Allende, vivir entre escombros te da la pauta de que solo la caridad es la salida al hambre y al abandono.
Y digo caridad, de los propios chilenos y también de los países vecinos, como hoy se está haciendo. Pero la caridad es una acción individual ¿Y el derecho donde está? ¿El derecho que tienen los ciudadanos chilenos de tener acceso a la educación, a la salud, a la asistencia del Estado? Eso en un país que sufre el neoliberalismo en carne propia desde hace más de 30 años no se encuentra. O puede hallarse no como un derecho de promoción y asistencia social, sino como una forma de contención de los pobres revoltosos.
Esto es lo que está sucediendo hoy en día en nuestro hermano país. El gobierno de la concertación toma la medida más rápida y simple: enviar a las fuerzas de seguridad de su país para reprimir los saqueos de alimentos. Nada de pensar primero en los más necesitados, en el abastecimiento primario, en las necesidades básicas. Sino lo primero es la represión, después vemos.
Allí podemos ver una de las razones por la que la Concertación perdió las elecciones: ¿Cómo diferenciar entre la Concertación de partidos socialistas y la Derecha ?
Es duro, pero creo que este puede ser un punto de inflexión para Chile. Solamente cuando se vive la necesidad y el abandono, se puede reaccionar; es eso o morir. El pueblo chileno aprenderá, de la manera más dura, que este abandono y represión no es azaroso, es el modus operandi del estado neoliberal, como también pasó en la Argentina y en muchos países del mundo, subdesarrollados y desarrollados, cuando los pobres y no solo ellos, también los trabajadores, los ambientalistas, las minorías sociales, etc., reclaman por los derechos constitucionales que les corresponden.
La criminalización de la pobreza y la judicialización de la política, tienen algo en común: Son las formas en el que el neoliberalismo del siglo XXI trata de destruir un elemento fundamental de base igualitaria: la soberanía popular, fuente de la democracia.