Lo vemos y vivimos cada día. Los Argentinos no solo no podemos salir de nuestras crisis económicas, sociales e institucionales, nos estamos convirtiendo en uno de los países más intolerantes del mundo y lo peor es que esa enfermedad que hemos adquirido es contra nosotros mismos, es como si hubiéramos hecho una enfermedad auto inmune, nuestros anticuerpos, es decir, la propia sociedad se está volviendo contra ella misma.
Esta intolerancia nace indudablemente de la máquina que hace funcionar al país, los propios K y se traslada por efecto cascada hacia los eslabones inferiores.
Ejemplos sobran y los vivimos cada día, lo de Redrado, la intolerancia hacia los del campo, hacia los burgueses (al menos desde un sector del propio Kirchnerismo de boca del simio D’Lia), hacia toda opinión contraria a este emirato Argentino, hacia periodistas que divulgan la vida y problemas de la sociedad. Hacia pensadores e informadores locales, como el caso de intimidaciones a dueños de diarios digitales en San Juan, intolerancia en los distintos ámbitos sociales de nuestra provincia como ocurre en Desarrollo humano, Salud Pública de mano del magnate Balverdi, intolerancia conocida desde la propia esfera Giojista que no debate ni hace reuniones de gabinete, intolerancia manifiesta de una democracia que en lugar de crecer como en otros países (Chile, Brasil, etc.) retrocede hacia las peores épocas del fascismo setentista y casi nos sitúa en la dictadura militar.
La vida en democracia no es lo que estos eternos políticos nos están haciendo vivir en los últimos tiempos, especialmente desde el 2000, en todo caso (y no es por reivindicarlo), la tolerancia se podía percibir en las épocas de Escobar, quién más allá de algunos errores puntuales de su gobierno (especialmente de su entorno político), permitía la libre expresión sin censura, yo lo viví en carne propia, aunque Escobar jamás me censuró si tuve un hecho vergonzoso de censura, pero de manos del magnate Balverdi, cuando no le gustaba algún programa de “Frágil Ser Humano”, hablaba personalmente al gerente de TVO y no dejaba pasar la reiteración del programa.
Lamentablemente para el pueblo Argentino, esta intolerancia desproporcionada de quienes se creen “dueños del poder”, va a persistir y de ser un pueblo pacífico cada día nos hundiremos más en la violencia verbal y física. Ejemplo de ello son las continuas declaraciones del jefe de gabinete Aníbal Fernandez, quién no solo es un contestatario de toda información que afecte al gobierno, ya descalifica, insulta y menosprecia a cualquier interlocutor, como lo hizo con Martín Redrado tratándolo de “chico”, de ”estúpido”, o a Mirta Legrand tratándola de ignorante, etc.
A mi entender y como libre pensador, esta desafortunada intolerancia está enquistada en nuestros políticos por una razón en particular, se han adueñado de los aparatos del poder desde que volvió la democracia y están convencidos de que jamás saldrán a ser simples mortales, desde hace 27 años siguen siendo las mismas caras, de las que como sociedad estamos hartos de ver y escuchar.
La historia no perdona, el tiempo es imparable y de una u otra forma, algún día estos señores intolerantes deberán dejar el poder, ya sea viejitos o porque desaparecerán como el resto de los mortales y si bien hoy gobiernan la gran estancia, sus descendencias deberán bajar mucho el perfil, su legado no solo será de fortunas mal habidas, serán protagonistas de una historia imborrable y negra de la Argentina.